Hacer el amor con la cabeza

Hacer el amor con la cabeza

Después de discutir acerca de las diferencias que encontramos entre "hacer el amor" y "follar" me gustaría profundizar un poco en el tema desde otro punto de vista.
Alguien ha comentado que para poder follar con alguien necesita sentir algo por él. En la teoría, un poco de sexo deshinibido no necesitaría de otros estímulos más que los púramente carnales para desatar nuestra lujuria, y, de acuerdo con eso, desde este blog siempre se ha hecho hincapié en ello.

¿Entonces? Hay algo en nuestro cerebro que siempre lo dificulta todo, sólo que a veces, puede que sea para mejor. A mí me es muy complicado buscar relaciones basadas sólo en el físico. Por algún extraño motivo necesito conocer un poco a mi objeto de deseo (el que se tercie). Esto puede no tener ningún sentido cuando se va buscando algún rollo de una noche. Lo cierto es que hacemos el amor con la cabeza tanto como con el resto de nuestros cuerpos... una persona no especialmente atractiva puede acabar deslumbrándonos por su conversación, su sentido del humor o su sonrisa.

Supongo que si sólo nos fijáramos en el físico la raza humana ya se habría extinguido hace tiempo o los anuncios de colonia se habrían multiplicado (dos hechos mucho más relacionados entre sí de lo que puede parecer a simple vista...). Aún así, en un mundo donde la gente tiene tanto miedo a desatar sus instintos sexuales, este factor es una traba más para el que busca irse acompañado a la cama un sábado por la noche. Curiosamente, casi siempre que te olvidas de esta traba y decides pasar de buscar conversación e ir directamente al grano, acabas despertándote con un amargo sabor de boca, no necesariamente relacionado con el sexo oral.

¿Qué hay en nuestras cabezas capaz de despertar nuestro interés sexual con un simple intercambio de palabras? ¿Dos desconocidos a kilómetros de distancia pueden sentirse atraídos físicamente sin haberse conocido previamente? Sé de primera mano casos de personas que se sienten automáticamente atraídas por todo aquel capaz de hacerle reír a carcajadas...

Parece claro que no hay nada como el poder sugestivo de la palabra. Y está claro también que ése debe ser el motivo por el que sentimos un rechazo casi automático en cuanto el listillo/a de turno abre la boca para "deslumbrarnos" con su prosa... ¿Qué hay, entonces, más erótico que una carcajada oportuna en respuesta a un comentario ingenioso por nuestra parte?

El deseo que van alimentando dos personas mientras hablan es directamente responsable de la satisfacción que les proporcionará el acto sexual una vez que dejen de hablar y pasen a la acción. O al menos así debería ocurrir en la mayoría de los casos. Por lo tanto, no deberíamos despreciar una buena conversación sólo porque nuestro interlocutor no nos haya entrado por los ojos en una primera impresión... es un pequeño consejo gratuito para rentabilizar los "polvos de una noche".

También existe otra vertiente de esta particular filosofía que acabo de desarrollar... habrá quien diga, y con razón, que dos personas sin absolutamente nada en común, que de hecho sean incapaces de entender sus respectivos idiomas, puedan sentir una química y una pasión tales que hagan temblar el suelo a su paso. No seré yo quien lo niegue, y, si se da el caso y notáis en cada fibra de vuestro ser que esa persona a la que apenas comprendéis puede ser el polvo del siglo... por favor, mandad a tomar viento mis peregrinos consejos.

Aquí lo importante es follar felices.