unas historias

Qué dirán...

En el último post alguien comentó que tenía amigas que no reconocían masturbarse. De igual forma, conozco a chicas que no reconocen practicar sexo oral con su novio, a pesar de que sé a ciencia cierta que sí lo hacen. Estas actitudes tan rancias contrastan un poco con la supuesta "liberación" sexual en la que vivimos.

Sí, es una época en la que yo puedo escribir líbremente sobre sexo en un blog gratuito sin ningún tipo de censura o cortapisa, en el que en las televisiones generalistas hay programas de sexología o magazines dedicados a la vida sexual. En el que los homosexuales cada vez van recibiendo un trato menos discriminatorio y en el que cada vez nos animamos más a hablar de sexo.

Sin embargo, hay un fuerte núcleo de resistencia que, ya sea por creencias inculcadas desde una educación puritana, o por simple ignorancia, aún trata el sexo como algo de lo que avergonzarse.

Conozco el caso de una chica que se quedó embarazada accidentalmente con veintiséis años, cuando aún no había acabado la carrera. Veréis, el caso no es que sufriera un "accidente" y el anticonceptivo de turno no funcionase. El motivo fue que conoció a un chico en una discoteca, se lo pasaron bien y más tarde, en medio del calentón, decidieron seguir adelante y follar como conejos a pesar de no tener preservativos. Lo más curioso, es que esta misma chica ya pasó por un susto bien grande cuando en otra ocasión (con su anterior novio), vivió una circunstancia parecida y posteriormente se le retrasó el periodo. Vamos, que la chica ya iba sobre aviso. Y hablo de una chica leída y con cultura, a punto de licenciarse en Derecho. No hablo de alguien que no ha disfrutado de los medios para tener una educación "normal". No. Era una chica de escuela privada.

A lo que voy: al parecer en las escuelas privadas no les enseñan que los calentones también se pueden pasar con algo de sexo oral o con una masturbación mutua que, en según qué casos puede ser igualmente satisfactoria. El sólo concepto de que el chico le comiera el coño debió parecerle algo absolutamente marciano, o peor, algo absolutamente vergonzoso para una mujer de buena familia como ella...

La triste historia de esta chica, que no llegó a acabar Derecho y que decidió tener el niño, y además casarse con el individuo en cuestión (las familias respectivas no veían otra solución) es sólo un ejemplo de algo que, desgraciadamente, abunda en nuestra sociedad. Prejuicios sexuales... sobre el sexo oral, sobre la masturbación, sobre la homosexualidad, sobre cualquier cosa que se salga de lo tradicionalmente aceptado como "correcto".

Cuando me enteré de todo esto me invadió una inmensa rabia por la estupidez en la que cae muchas veces la gente, única y exclusivamente pensando en el "qué dirán". Me pregunto si esta chica, que hoy es una vieja precoz, con dos niños, un ex marido (sí, gran sorpresa, el matrimonio no funcionó) y prácticamente ningún amigo, podría haber disfrutado un poco más de su juventud si tan sólo hubiese prescindido de sus prejuicios sexuales durante un rato.

Pero no quiero deprimir a nadie. Aprovecharé esta historia para profundicar en el concepto "hacer el amor" (¿o es "follar"?). Una vez, después de una intensa sesión de sexo con mi novia, ella me dijo "follamos poco". A lo que se refería era a que, normalmente, nos excitamos y emocionamos tanto con los preparativos y precalentamientos previos al acto en sí, que muchas veces acabamos prescindiendo de la penetración. Entonces yo le contesté "acabamos de follar". Y es que no me parece lógico que sólo consideremos el acto como consumado si ha habido penetración. Para mí hacer el amor es algo mucho más genérico e incluye una gran variedad de prácticas. Si sólo nos limitamos a la penetración... qué aburrido ¿no? con la de infintas variantes que hay entre dos cuerpos desnudos gozando el uno del otro.

Es por eso precisamente, por lo limitado que tiene la gente el concepto "hacer el amor", que todo lo que queda fuera de su limitada visión del acto sexual se considera sucio o vergonzoso. Creo que proviene de esta mentalidad tan católica que tenemos muchos y que viene a decir que las relaciones sexuales sólo pueden llevarse a cabo con la única finalidad de reproducirse. Pero creo que ya está más que demostrado que esa visión está, como mínimo, anticuada (por no decir que es igual de rancia que otras muchas creencias de la Iglesia Católica).

Vale, ahora ¿podemos establecer diferencias entre "hacer el amor" y "follar"? A mi me gusta diferenciarlas. Digamos que hacer el amor implica ternura, cariño, pasión por supuesto, pero sobre todo una complicidad que está por encima del acto físico... hacemos el amor tanto con nuestro cuerpo como con nuestro cerebro, con miradas y con caricias... Follar, por el contrario es algo que se limita a dos (o más) cuerpos envueltos en fantástica lujuria. Es visceral y no suele ser romántico, pero puede ser igual de interesante ¿no?
Sólo añadir que me encanta follar con mi novia, tanto como hacer el amor con ella.

Así pues. Si nos desprejuiciamos y entendemos que la pasión desbordante (follar) se puede culminar sin recurrir a la penetración, podremos diversificar nuestras aventuras sexuales. Chicos y chicas del mundo, recordad: Para superar un calentón sin tener que correr riesgos innecesarios, no hay nada mejor que una buena mamada (y eso vale para ambos sexos, por supuesto).




Lo que el porno nos ha traído

Es curioso como nuestra vida sexual se enriquece a base de cosas de lo más absurdo.

El exceso de información en el que vivimos, y que ha resultado ser tan beneficioso como, en ocasiones, perjudicial, nos ofrece una gran ventaja en el ámbito sexual sobre nuestros padres y abuelos. Obviamente, no creo que ninguna de las prácticas sexuales que se salgan de la penetración (sexo oral, masturbaciones conjuntas, sexo anal, sumisión, fetichismo, etc...) sean un invento de últimas generaciones, pero sí creo que, digamos, hace cien años, una pareja normal tenía que ser muy desprejuiciada para atreverse a experimentar tanto como para llegar a desarrollar cualquiera de estos actos que hoy consideramos tan normales dentro de nuestra vida sexual.

En concreto, yo creo que la pornografía (que empezó como medio comercial a mediados de los años setenta) es la que nos ha abierto el camino a muchos.

Me refiero a que muchos de nosotros hemos querido emular a esos "heroes" cinematográficos, copiando posturas y modos con los que satisfacer a nuestra pareja. Es posible, incluso, que muchos hayan aprendido a hacer un buen cunnilingus a una mujer, gracias al porno.

El cine pornográfico ha experimentado una lenta pero progresiva evolución que lo ha llevado a plasmar un tipo de sexo cada vez más agresivo o espectacular.
Por ejemplo, no fue hasta bien entrados los ochenta que se estandarizó la eyaculación final en la boca de la mujer. Algo que es prácticamente obligado en todas las secuencias de sexo contemporáneas. O el sexo anal, igualmente imposible de evitar en casi la totalidad de la producción pornográfica actual, u que surgió a mediados de los noventa. Hasta entonces eran muy contadas (y muy especiales) las situaciones en las que podías verlo.

Así pues, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿El cine porno refleja lo que hacemos en la cama o somos nosotros los que llevamos a la práctica lo que vemos?

Obviamente, no estoy tratando de decir que el porno pueda tener tanta influencia en nuestra vida. Simplemente que seguimos tendencias en el sexo, al igual que las seguimos en la ropa que vestimos, los coches que compramos o los libros que leemos.

Hace quince años, el sexo anal era algo practicado pero poco comentado. Actualmente parece como el Santo Grial de los jóvenes amantes. Para muchos hombres, supone la culminación de la relación sexual... la cima, por decirlo de alguna manera, a pesar de que muchas mujeres lo vean como algo poco atrayente en un principio.

De la misma forma en la que el sexo anal ha sufrido esta evolución, se pueden observar ciertas tendencias que se han puesto de moda en la pornografía actual y que, poco a poco, van teniendo su reflejo en la vida real. Un ejemplo es que los hombres vamos enterrando viejos prejuicios y nos dejamos hacer.

La veterana actriz porno y emiente sexóloga Nina Hartley, se quejaba hace años de los prejuicios que albergaban los hombres hacia su zona anal y los placeres de los que se privaban como consecuencia de ésto.
De un tiempo a esta parte parece claro que este prejuicio se va perdiendo y que los hombres somos cada vez más abiertos a experimentar sin ver por ello nuestra masculinidad amenazada (como si el hecho de tener deseos homosexuales nos hiciera menos hombres). No cuesta encontrar en el cine porno actual ejemplos de esta tendencia. El anilingus (lamer la zona anal) se ha convertido en algo muy habitual y en algunas cintas, incluso, se llega a ver a mujeres introduciendo pequeños consoladores a los fornidos actores.

De la misma forma, esa masculina obsesión por el semen también es un reflejo de la pornografía. De un tiempo a esta parte a los tíos nos encanta ver a nuestras parejas juguetear con nuestro esperma en cualquier zona de su cuerpo.

Supongo que no es difícil encontar más ejemplos de todo esto, algunos sorprendentes, otros menos. Como todo en nuestra vida, todo se basa en la importancia que queramos darle a las cosas, pero no sería de extrañar, que, en diez años, igual que hablamos de películas "de moda", de libros "de moda" o de grupos musicales "de moda", habláramos también, con total naturalidad del sexo "de moda"... "Esta temporada se practica mucho la masturbación conjunta como preámbulo... "

Sería una manera más de desdramatizar el sexo.



Pasión por una desconocida


Tropecé con estas fotos hace años, navegando por vete a saber qué páginas. No recuerdo de dónde salieron. Si las buscaba o me encontraron. Si alguien las colgó y yo las recogí. Si eran robadas o inventadas... pero en cuanto las vi, me enamoré de esta desconocida.

No sé quién es. No sé si entendería esto que estoy escribiendo o por el contrario nunca ha oído hablar castellano.
No sé qué edad tiene. Sé que es joven por la decoración que se puede atisbar en su cuarto, pero por otro lado tampoco sé de cuándo son las imágenes.

No sé nada de ella. Sé que las fotos se las hizo ella sola. Que sabe cómo posar de forma sugerente y que, de alguna manera, quiere comunicarse a través de la cámara.

Al mirarla no puedo evitar sentir un cosquilleo que recorre mi cuerpo. Sé que ella lo pretende, pero no sé si posa para mí, para su novio, o para sí misma. Sospecho que más bien es esto último.
Me la imagino perfectamente cuando toma la decisión de quitarse la ropa y usar su cámara en la intimidad de su habitación. La puedo sentir excitada, invadida por el morbo de pensar que alguien puede verlas y sentir algo.

No sé, ni siquiera, si alguna vez se planteó enseñarlas, o si por el contrario alguien con muy mala idea tropezó con ellas por casualidad y las colgó en internet sin su conocimiento. Espero que no. Espero que se sienta orgullosa de que unas inocentes fotos, sin ningún tipo de pretensión artística, puedan llegar a comunicarse con alguien como yo. Y que yo, casi instantáneamente, decida incluirlas en mi particular definición de "Morbo".

No sé quién eres, y probablemente nunca lo sabré. Pero gracias, desconocida, por compartirte con el mundo, y por llegar a mi vida para darme un pedacito de calor, de morbo, de sexo.
Me encanta mirarte, desconocida...




Dejarse llevar

Hay un momento mientras estás haciendo el amor con tu pareja, en el que llegas a un grado de excitación tal que sientes que harías cualquier cosa por poder prolongar el placer. Es un momento en el que tu cerebro pierde el control y tu cuerpo es dominado por la simple y llana lujuria...
Puede que ese momento, tan placentero y tan adictivo, sea lo que ha llevado al sexo al ostracismo en el que vive dentro de nuestra sociedad. La gente "respetable" no puede permitirse perder los papeles de semejante forma, así que sentencian que algo que es TAN bueno... pues eso... no puede ser bueno.
¿Os imagináis lo que sería vivir en un mundo que no se avergüenza de semejante momento, sino que lo celebra con alegría?

Llevado al límite de la pasión, dejarse llevar por ella puede ser uno de los momentos más alucinantes que podemos experimentar. La cercanía, la intimidad y el cariño que sientes por la persona con la que estás disfrutando de vuestros cuerpos puede incrementar exponencialmente las sensaciones. Todos podemos llegar a un punto en el que, literalmente, perdemos la cabeza.

Supongo que de ahí surgen las "perversiones" y diferentes variantes que pueden practicarse dentro del sexo. Y si nos salimos del momento y contemplamos lo que hemos sido capaces de hacer por alargar el éxtasis, probablemente muchas veces nos sintamos avergonzados.
¿Por qué? ¿Por querer disfrutar al máximo del sexo?
Vale, probablemente habrá quien se excite vistiéndose de mujer y follando con un sombrero napoleónico mientras grita "a mi la legión". No es la mejor manera de hacerse una foto para la orla de la universidad pero, ¿a quién le importa la orla? Se trata de pasarlo bien. Cada cosa tiene su momento y disfrutar de nuestro cuerpo en la mejor forma que nos parezca debería ser equivalente a... no sé, a preferir la comida más salada o menos salada, con pepinillos o sin ellos. A preferir la ropa de color azul marino sobre la negra, o a no querer jubilar nunca tu caja de herramientas.

El sexo nos alimenta como individuos. Nos fortalece el espíritu y nos alegra el cuerpo. Llevamos siglos negándonos los placeres que puede proporcionarnos porque ciertos elementos poderosos afirman que dejarse llevar por la lujuria nos lleva a una vida de perdición.

El sexo es la única droga que puede llegar a ser beneficiosa para el cuerpo. Se puede usar como medicina, como terapia, como celebración, como puro gozo y satisfacción. Cómo queremos usarlo y en qué medida vamos a dejar que nos afecte, depende de cada uno.
¿Cuánta gente conocemos que se cohíbe a si misma? ¿Que no se permite dejarse llevar por deseos impuros? ¿Cuánta gente que hipócritamente no se atreve a reconocer la importancia del sexo en sus vidas, temiendo quizá llegar a ese lujurioso punto en el que se podrían avergonzar de si mismos?
Haz el amor y no la guerra... ¿Cuántas guerras habría si la gente se atreviese a follar y se eliminasen las paredes que nos han estado limitando toda la vida?

Creo en el sexo como forma de expresión del ser humano. Y creo que hacer el amor es una forma de celebrar que estamos vivos y que nos alegramos por ello.

Alegrémonos más a menudo entonces...




Cómo grabar un video porno casero

Siguiendo con las dudas que planteaba mi anterior post acerca del exhibicionismo, quería hablar un poco sobre la proliferación de videos caseros grabados por parejas que internet nos trae hasta nuestros ojos.

No cabe duda que la cámara de video fue el invento del siglo para las parejas con tendencias exhibicionistas, y que los voyeurs del mundo recibimos semejante regalo con los brazos abiertos. Los videos amateur han pasado a convertirse en un género más del inabarcable mundo de la pornografía, ofreciendo todo aquello que el género nos ha escatimado siempre: gente real, sin maquillaje ni puesta en escena. Sin trucos de cámara ni montaje. Coitos naturales y espontáneos por gente que podría ser tu vecina o tu cartero.

Con internet ya como herramienta cotidiana de ocio y/o trabajo, y la proliferación de páginas como youtube, el género está destinado a llevar el morbo de lo cotidiano a todos los hogares que deseen recibirlo.
Páginas enteras dedicadas a parejas que cuelgan sus videos o fotos (siempre con las caras adecuadamente tapadas), que publican videos de estrellas famosas "robados" de la intimidad de su hogar, que publicitan el caracter amateur del producto como cualidad por encima de los prefabricados polvos profesionales...

Por si eso fuera poco, la llegada de los móviles de última generación y las cámaras digitales han conseguido incluso que podamos inmortalizar momentos de sexo improvisado en pequeñas píldoras morbosas.

Exhibicionismo y voyeurismo en sus últimas consecuencias.

Como buen aficionado al cine y a la pornografíoa que soy, no he podido dejar pasar la oportunidad de experimentar con la cámara de video para demostrarme a mí mismo que puedo hacerlo tan bien o mejor que cualquier película cutre bajada del emule. El uso del material ya depende de cada uno. En mi caso no ha pasado del uso privado (o en común con mi pareja), aunque he podido beneficiarme (con un perverso regocijo, he de añadir) de poder guardar documentos únicos de antiguas ex-novias (eso de tener un registro visual del sexo que tuviste con tu ex también tiene su punto).
Si por mi fuera, compartiría esos videos con el mundo (mi lado exhibicionista expresándose) pero por una cuestión de respeto y sentido común, los guardo en el fondo de mi armario. Quizá con el tiempo y ciertas dotes de persuasión consiga convencer a alguien para enseñarlos. O quizá no.
Para todos aquellos que no lo hayan probado, tengo que comentar que darle al REC y ponerte a follar delante de una cámara proporciona un nivel de excitación incuestionable. Si dudáis de mis palabras, no tenéis más que buscar un momento de intimidad en vuestro hogar. Probad entonces a coger una cámara (cualquiera, inlcuso una digital de andar por casa), ponerla encima de la mesa, dadle a grabar y empezad a tocaros (olvidando por el camino todos los prejuicios y pudores, claro), veréis como enseguida notáis un agradable cosquilleo de excitación...

Para los más aventureros, aquellos que desean probar la experiencia con su pareja (o consigo mismo), o para los que lo hayan hecho pero deseen mejorar la experiencia, voy a enumeraros una serie de consejillos que pueden facilitaros la vida.
- En primer lugar aseguráos de que haya suficiente luz. Uno de los errores más frecuentes es sobrevalorar la iluminación necesaria para rodar un video.
Si la habitación no está suficientemente iluminada, probad a enchufar flexos o lámparas siempre apuntando al lugar donde se vaya a desarrollar la acción.
- Olvidáos del trípode. Mucha gente piensa que sin este instrumento la realización del video es imposible. Pues no. Tener uno ayuda, y puede funcionar bastante bien para grabar algún momento concreto del folleteo, pero seamos honestos, no hay nada más horriblemente aburrido que ver un polvo en plano fijo. Podéis convertir en tripode cualquier mesa o estántería, no sólo tendréis planos estables, sino que ofrecerá mucha más versatilidad y originalidad que un tripode en el centro de la habitación. ¿Mi recomendación personal? Sed valientes, coged la cámara con vuestras manos e intercambiadla con vuestra pareja en mitad del acto. Disfrutaréis de imágenes mucho más espontáneas y divertidas.

- Pero ojo, si vais a coger la cámara en mano. Tened en cuenta que el encuadre va a bailar la marimorena... procurad tener siempre a la vista la pantalla y vigilad la calidad del encuadre. Experimentad lo que queráis con ángulos, posiciones, enfoques y detalles, pero recordad siempre: nada de movimientos bruscos.
- Pensad siempre en la cámara como el testigo mudo de vuestras fatasías. No os cortéis en mirarle, sonreirle, jugar con él. Hay quien prefiere hacer como que no existe, pero no es tan divertido...
- Aseguráos de hacer algo variadito, sin permanecer demasiado tiempo en la misma postura o haciendo lo mismo.
- Y sobre todo, hacedlo cuando realmente tengáis ganas de pasarlo bien...

Verés que luego el resultado merece la pena.
Probablemente algunos de vosotros tengáis otros consejos o experiencias que compartir, asi que no os privéis de hacerlo... y nada, a ver si nos animamos y entre todos hacemos un concurso. A ver quién gana...


Observar y ser observado

Me considero alguien bastante pudoroso. No me gustan las playas nudistas ni me siento cómodo mostrando mi desnudez ante desconocidos, sin embargo, la sensación de estar siendo observado durante el acto sexual (o mejor dicho, durante cualquier acto sexual) no sólo me gusta, sino que aumenta mi excitación.
¿Soy un exhibicionista? Supongo que hay que matizar. ¿Cómo se llama a alguien que sólo gusta de ser observado en la más estricta intimidad? Porque eso es casi lo contrario del exhibicionismo según tengo entendido.
Una vez mi novia y yo estábamos tumbados en un parque. Como casi siempre que estamos en posición horizontal empezaron los juegos y las carantoñas que enseguida nos llevaron a otros terrenos mucho menos "inocentes". En un parque en el centro de la ciudad a plena luz del día tus movimientos son limitados, sin embargo nos las acabamos arreglando para meternos mano de la forma más discreta posible. Durante esos momentos no piensas en que alguien pueda darse cuenta de lo que estás haciendo, todo lo más puedes guardar la esperanza de que si alguien lo nota y disfruta del espectáculo... tú no te des cuenta.

Considero que ella sí es bastante exhibicionista. No tiene reparos en hacer top less en la playa y le encanta hacerse fotos, vestida, desnuda o encima de un camello, tanto le da. Aún así, nunca nos hemos prestado al juego de ser observados por terceros.

Durante mis breves experiencias internetiles tuve la oportunidad de sentirme observado en pleno acto de autosatisfacción, y me sorprendí a mi mismo por el grado de excitación que me proporcionó. Igualmente también pude ser testigo de las exhibiciones de algunas chicas desprejuiciadas, algo igualmente satisfactorio. Al igual que me pasa en la sumisión, no sé decantarme por ninguna de las variantes. Aunque claro, no me dejaría ser observado por cualquiera.
¿Que es más estimluante? ¿Ser testigo, voyeur, observador? ¿o ser el actor principal, exhibicionista, observado?

Creo que todos hemos tenido la clásica fantasía del vecino/a de al lado ¿no? así que sospecho que hombres y mujeres por igual tenemos un infinito potencial de voyeurs. Pero no todo el mundo se encuentra cómodo dejándose observar, ¿o quizá es que nunca lo han probado?
Podríamos establecer que las playas nudistas son un buen sitio dónde someter esta teoría a prueba, pero para mí son todo lo contrario. Hay algo en el nudismo o naturismo que me resulta profundamente desalentador. Puede que sea que esa actividad está completamente libre de connotaciones sexuales. No hay nada más raro de encontrar en una playa nudista que el morbo...
De igual forma, creo que los locales liberales que pueblan nuestras ciudades (y de los cuales he recibido muy buenas recomendaciones aunque aún no me he asomado a ninguno) carecen de un componente muy importate para mí: la espontaneidad. A un local liberal sabes a lo que vas, y mi mencionado pudor no se encuentra del todo cómodo en un ambiente así (al menos hasta que se demuestre lo contrario).
Yo sueño más bien con la situación que surge de manera no premeditada entre varias personas. Una charla informal que se va calentando hasta que al final surgen los más excitantes y depravados juegos sexuales. En el que el exhibicionsimo surge espontaneamente como muestra de la intimidad y la confianza adquirida con gente especial.
Esa sería una interesante forma de verlo. La otra es simplemente dejar la ventana de tu habitación abierta mientras le haces el amor a tu pareja y esperar que al otro lado haya alguien que ha soñado toda su vida con tener un vecino/a exhibicionista.
¿Qué pensáis vosotros? ¿obervar o ser observado? ¿En qué punto queréis que acabe o empiece vuestra intimidad?


Morbo

Hay algo inexplicable que provoca la sugestión de nuestro deseo sexual. Algo que no responde a razones ni motivos, es pura subjetividad.

Puede ser una imagen. Una mirada. Un gesto. Puede ser un olor. Puede ser cualquier cosa que despierte recuerdos de momentos en los que te veías dominado por el deseo.

No sé muy bien si tiene alguna explicación lógica o científica. Pero sé reconocerlo cuando me pasa.

Lo despiertan las cosas más absurdas o inocentes. La prenda adecuada sobre el cuerpo adecuado. Un gesto que le hace una chica a su novio. Un anuncio de televisión. La fotografía erótica. Las luces y las sombras, las formas sugeridas y las curvas sin destino. El calor de lo cotidiano y la cercanía de lo conocido. La inmediatez de algo improvisado. Una sonrisa de mi novia.

Los sentidos a veces se duermen, pero el morbo siempre está alerta, dispuesto a ser despertado y a alimentar tu imaginación de pensamientos de deseo.

Me encanta sentirme indefenso ante las pequeñas sensaciones que despierta en mi.

El diccionario de la Lengua Española define el morbo como un interés malsano hacia personas o cosas, o como la atracción hacia sucesos desagradables.
No es precisamente de lo que estoy hablando.

Morbo, para mí, es lo que despierta tu lado salvaje y te hace convertirte en alguien hambriento de deseo. Es el animal que llevamos dentro tratando de salir para disfrutar de lo que le está prohibido.
Es lo que te lleva a masturbarte por primera vez. Lo que hace que te muerdas el labio mientras el calor se apodera de tus mejillas y la entrepierna se humedece...

Cualquier cosa puede desatarlo en el momento más insospechado.

Una imagen. Una mirada. Un gesto.
Dos desconocidos exhibiéndose para el disfrute general.
Unos labios carnosos.
Un generoso escote.
Una sonrisa de mi novia.